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Cuando la estupidez humana se vuelve viral

Todo el mundo tiene su día de furia. Todos somos capaces de cometer los peores errores y horrores. Somos humanos, nos equivocamos y muchas veces en grande. Pero ahora puedes estar online, en vivo y en directo desde el primer minuto.

Así le pasó al señor Manuel Liendo Rázuri, de 70 años. Seguramente este digno señor tiene unos nietos maravillosos a los que les cuenta cuentos antes de dormir, paga sus impuestos con puntualidad y ayuda a la vecina a sacar la basura.

Probablemente ese 22 de septiembre se le cruzaron los chicotes, tuvo el peor día de su vida. Ese día se metió en sentido contrario en la calle Las Camelias, de San Isidro. Otro ciudadano lo empezó a grabar y a Manuel le salió toda la estupidez en vivo, para todo el mundo: insultos, escupitajos y amenazas de muerte.

Este exabrupto le puede causar hasta 6 años de cárcel. Sus vecinos lo repudian, su partido político lo sanciona. Dios perdona el pecado, pero no el escándalo.

¿Por qué Cuevita?

Así también le pasó a Renzo Quiroz. Él estaba en un vuelo comercial y tuvo la suerte de que le tocara Christian Cueva como compañero de asiento.

Ni corto ni perezoso, se le ocurrió grabar un divertido video a su hermano aprovechándose de la amabilidad del futbolista. Ni bien apretó play, le salió la estupidez humana. No solo eso, él mismo lo transmitió para todo el mundo.

Las reacciones contra él y el local donde trabajaba no se hicieron esperar. Un restaurante en el que trabajaba Quiroz tuvo que publicar un comunicado, ante la horda de fanáticos que lo empezaron a destruir en redes sociales por pensar que Renzo todavía laboraba allí.

Día de furia

Algunas veces es simple estupidez, otras pueden ser hasta delitos flagrantes, pero tenemos que darnos cuenta de que casos como estos abundan en las redes sociales. La estupidez humana no es patrimonio de un país o una región.

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El peligro está en que ahora todos son juez, jurado y ejecutor. Todos tienen en su poder una cámara siempre dispuesta a encenderse ante la mayor señal de peligro.

¿Esto es beneficioso, o, por el contrario, puede atentar contra la intimidad de los alterados? Bienvenidos a este nuevo mundo, donde el código de conducta a seguir será no perder nunca los papeles, y menos delante de una cámara. La privacidad se está convirtiendo en una cosa del pasado.

La aceptación social vía redes sociales, los ojos de todo el mundo se posarán sobre nosotros ante el mínimo comportamiento inadecuado.

Quizá exagero, pero todo esto me parece un mal capítulo de Black Mirror. Mientras tanto a empezar a seguir tratamientos de anger management, no sea que en nuestro día de furia todas las cámaras apunten hacia nosotros.

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