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Hackear la democracia

Las elecciones siempre han sido una rara fiesta democrática sin alcohol, en la cual acudimos como mansos corderitos para elegir a los próximos lobos.

Cada 4 o 5 años hacemos el mismo ejercicio de votar a unos NN con la falsa esperanza de que esta vez sí harán algo por nuestra ciudad, región o país, para que al cabo de pocos meses nos desilusionemos y otra vez a lo mismo. Si a esto le llamamos democracia, entonces algo anda mal con ella.

Admitámoslo. La democracia está enferma… y creo que la tecnología es la cura.

O como afirmó Enrique Dans en La democracia no existe:

La tecnología ofrece muchos mejores medios que las corruptas democracias actuales para organizarse como sociedad. Pero la tecnología, obviamente, no es suficiente para conseguir nada. Antes hay que superar muchas otras cosas: la resistencia al cambio, el miedo a un sistema diferente, o la evidencia de que, por mucho que pretendan algunos, los ciudadanos son los mejores guardianes de sus propios intereses, y todas esas ideas sobre que “toman decisiones solamente unos pocos porque son los que están preparados para tomarlas” son lo que son: pura basura, y a la vez germen y evidencia de un elevadísimo nivel de corrupción.

Todo puede cambiar con el voto electrónico, que podría ser la gran disrrupción tecnológica. Si nos ponemos a pensar, preparar una votación a nivel nacional es un proceso tortuoso y complicado. En un solo día millones de personas tienen que acudir a un centro de votación y marcar un aspa con un símbolo en un papel que se deposita en un ánfora. Luego contar los votos en los lugares más recónditos es una tarea que toma días; y algunas veces, semanas.

¿Qué les parecería votar desde la comodidad de tu hogar, en tu computadora, tablet o smartphone? Entonces no importaría el lugar de residencia, los resultados se sabrían en segundos y el proceso se simplificaría al máximo.

Pero no sólo eso. Esta tecnología podría transformar el proceso de elecciones mismo, porque sería igual de fácil votar una vez cada 4 años que 100 veces en el mismo tiempo. Y con eso cambiaría todo.

Se podría votar para vacar a un alcalde, para sacar a un congresista corrupto, para cambiar a un ministro y hasta al presidente. Podríamos votar para cambiar para que un proyecto de ley se apruebe o se cancele. O para elegir a los candidatos que se postularán en cada partido para el Congreso. En definitiva, los ciudadanos tendrían en sus manos un arma tan poderosa que a los políticos no les quedaría otra cosa que gobernar para el pueblo. ¿No se trata de eso la democracia?

Al leer esto uno puede pensar que nunca sucederá, pero los invito a soñar con esa capacidad disrruptora de la tecnología y a echar una mirada a nuestro presente. De cómo estamos en una era en la que podemos hacer transferencias, pagar servicios, pasajes, declarar impuestos y un largo etcétera sin salir de nuestra casa. Algo insólito sólo unos cuantos años atrás. No sabemos qué nos deparará el futuro, ni qué democracia lograríamos con esto… quizás una democracia más representativa y participativa. Una democracia más democrática.

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