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Lección #7: Trabaja para agradar a tu público, no a tu jefe

¿Qué es esto? Lee El fin de una era.

No hay muerto malo. Tampoco hay jefe bueno.

Durante las últimas décadas se ha hablado mucho de liderazgo, el papel del líder en la empresa y un largo etcétera.

Sin embargo, no entiendo por qué nos siguen tocando jefes malos.

Es jefe malo el que se le ocurrió sacar el catálogo de Saga Falabella.

Es jefe malo el que aprobó los términos y condiciones de Easy Taxi.

Es jefe malo el que obliga a todos los ingresantes a una Universidad a comprar iPads.

Es jefe malo el que sacó La Moradita de Inca Kola.

Es jefe malo cualquiera que no escucha a su público, a sus trabajadores, sino sólo a sí mismo. Esto en comunicación y marketing es el pan de cada día. El público pide A, el jefe dice B y le terminamos dando C. Y uno tiene que entender que tenemos que dar A y solo A.

Principio de Dilbert vs. Principio de Peter

principio de dilbert

Una explicación a esta abundancia de jefes malos lo puede explicar el principio de Peter. Este principio afirma que las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su máximo nivel de incompetencia. Es lógico, sino seguirían ascendiendo.

O sea, que tu jefe, normalmente será un incompetente.

Pero peor es el principio de Dilbert. Esta sátira noventera afirma que las empresas ni siquiera ascienden a los empleados competentes, sino a los incompetentes, para limitar así la cantidad de daño que son capaces de provocar.

O sea, que tu jefe no solo es un incompetente, sino que nunca fue competente.

Jugar con las cartas que te toquen

Esto, amigos, medio en broma, medio en serio, es la dura realidad. Así que hay que saber jugar con las cartas que tenemos para llegar, verdaderamente a realizar el producto o servicio que nuestro público quiere.

¿Cómo hacemos entonces?

En primer lugar, tienes que ser capaz de hacer que tu jefe escuche tus ideas. Y para ello tienes que conseguir que tu jefe confíe en ti. Y esa confianza se gana con los siguientes pasos:

  • Conoce a tu jefe.
  • Conoce los objetivos de tu jefe.
  • No des sorpresas a tu jefe.
  • No esperes que tu jefe sea tu mentor o te de todo por cucharitas.
  • Cumple con tus deadlines.
  • Ofrece soluciones, no problemas.
  • Haz lo que digas, di lo que haces.

Una vez establecida esa confianza, el siguiente paso es dar ideas. Pero ideas con fundamento y respaldo. No lances una idea sin tener la seguridad de que va a funcionar. Mientras más evidencia proveas, será más convincente tu idea.

Y esa idea, tiene que ser un win-win tanto para tu jefe, como para tu público. Se trata de hacer su vida más fácil, no la tuya.

Finalmente, tus ideas muéstralas cuando puedan ser prioritarias. Si tu jefe tiene problemas más grandes que resolver y no tienen relación con tus propuestas, mejor guárdatelas para otra ocasión.

El peor jefe del mundo

¿Sabes qué es lo peor de todo esto? Que tu jefe… eres tú.

Tú controlas tu carrera, tu día, tus respuestas. Tú administras cómo vendes tus servicios y tu educación en beneficio de los demás.

Y si te paras quejando de lo mal que estás, que tus jefes no te hacen caso, que te sientes infravalorado(a). Simplemente eres tú el que has alcanzado el máximo nivel de incompetencia.

Así que lo primero que tienes que hacer si quieres agradar a tu público, ser considerado un elemento valioso en tu empresa, ser adorado por tu jefe, o ser independiente y exitoso, es empezar a cambiar.

Bienvenido a tu nueva vida, esa que tú y solo tú manejas.

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